La vista es un sentido fundamental para el ser humano. Con ella, percibimos el 80% de la información que le llega a nuestro cerebro. A pesar de todo, los bebés nacen con una capacidad de visión reducida que van desarrollando rápidamente a lo largo del primer año de vida.

Para que te hagas una idea, los recién nacidos perciben solo formas grandes y colores brillantes. No es hasta los 3 o 4 meses cuando pueden enfocar la vista sobre objetos más pequeños, así como reconocer la diferencia entre los distintos colores. Entorno a los 6 meses ambos ojos comienzan a trabajar al mismo tiempo y el cerebro es capaz de captar la profundidad. No te asustes si antes de esto percibes cierto estrabismo en tu bebé.

Como te decíamos, hasta el primer año de vida un niño no alcanza los niveles de visión normales, mientras asimila y traduce todo lo que percibe en su cerebro.

El color de los ojos

Hacemos un inciso aquí para explicaros que el color de los ojos del recién nacido también es cambiante y, aunque no afecta a la capacidad de visión, es algo que suele sorprender a los padres primerizos.

Es cierto que la genética tiene mucho que decir. A pesar de todo, el iris o el pelo dependen directamente de una proteína conocida como melanina. Junto a ella, actúan unas pequeñas células llamadas melanocitos. Dependiendo de la cantidad de células que acompañen a la melanina en el proceso, durante aproximadamente los 6 primeros meses de vida, el bebé obtendrá un color de ojos u otro. De menor a mayor cantidad segregada, nuestro bebé tendrá los ojos de una tonalidad azulada, verdosa, marrón o negra.

Cuándo comenzar con las revisiones oftalmológicas

Los controles de vista son una revisión sencilla, pero fundamental para prevenir problemas de visión en nuestros hijos. Por eso, es importante que se realicen desde el nacimiento. Estos controles se irán adaptando progresivamente a la evolución de este sentido, comenzando por una búsqueda de posibles anomalías congénitas en recién nacidos, pasando por el reflejo rojo o el control del estrabismo, hasta llegar a la agudeza visual a partir de los 3 años.

Por nuestra parte, a lo largo del crecimiento de nuestro hijo debemos estar atentos a cualquier señal de alerta que determine posibles problemas de visión. Aquí te indicamos los más habituales:

  1. Color blanco o gris en la pupila
  2. Ojos excesivamente sensibles a la luz
  3. Aparición de pus en los ojos
  4. Párpado caído
  5. Enrojecimiento continuado (externo o interno)
  6. Ojos llorosos con mucha asiduidad
  7. Ojos desviados: estrabismo, movimientos rápidos o que carecen de enfoque a partir de los 6 meses

Desde MaterMap te recordamos que el contenido de este post es meramente informativo y te recomendamos la consulta a un especialista en caso de duda.