Las perlas de leche son bastante habituales durante la lactancia y se caracterizan por formar un pequeño bulto blanco y brillante en el pezón, que produce un dolor intenso, agudo y profundo.

Se puede notar cómo cambia de tamaño durante la toma y, al finalizar, ser mucho más grande.

Se produce por la obstrucción de un conducto mamario y, si no se hace nada con ella, se seca y desaparece entre los días 5 y 7 tras su aparición.

Según su origen, podemos dividirlas en:

  1. Perlas de leche de origen traumático, que se producen tras un mordisco del bebé o una toma en la que apretó las encías. Se reconocen fácilmente por que hay una relación entre la aparición y un traumatismo.
  2. Perlas de leche por infección, que suelen ser la parte visible de una mastitis subaguda, lo cual quiere decir que dentro del pecho hay mucho más. Es la punta del iceberg. Se puede sospechar de ella cuando no hay otras causas aparentes para su aparición.

Dependiendo del tipo de perla que se tenga, se puede tratar de una manera u otra. Cuando la perla es producto de un traumatismo y es muy externa se puede aplicar calor y seguidamente levantar con una toalla o una aguja estéril y drenar, bien con extracción manual o con el bebé mamando. Sin embargo, en casos de perlas por infección, no es recomendable, ya que es un procedimiento muy doloroso y no se consigue eliminar la infección. Aquí suele ser recomendable iniciar un tratamiento con probióticos y solicitar, bajo prescripción médica, un cultivo de leche con antibiograma para que se pueda recetar el antibiótico necesario para tratar el cuadro.

Desde MaterMap te recordamos que este post es meramente informativo y que, en caso de duda, es necesario acudir a la ginecóloga, matrona o asesora de lactancia para que te de las indicaciones correctas en tu caso o te deriven al especialista adecuado. Esperamos que este post te haya resultado interesante.