El objetivo fundamental en la vida de todo ser humano es ser feliz sin entorpecer la felicidad de otros. Por lo tanto, la finalidad última de una mujer no es la maternidad no verse abducida en ella. Una madre ante todo es mujer, por lo que la crianza de los hijos no debe eclipsar, invisibilizar y hacer desaparecer a la mujer que realmente es.

Como dicen desde el blog de las Malas Madres, «la M de madre no puede aplastar a la M de mujer». Pero ocurre muy frecuentemente. Las obligaciones y la creencia de que si no dedicamos toda nuestra energía a nuestros hijos nos tacharemos y nos tacharán de malas madres hacen que enterremos la mujer que fuimos, para no ser otra cosa que no sea madre.

Sin embargo, la maternidad no debe hacernos renunciar a la mujer que éramos antes:

  • Necesitamos definirnos más allá del rol de madre
  • Nuestros hijos deben ver que somos más que madres; somos personas con gustos y creencias propias, aficiones y sentimientos
  • Sí, estaremos al lado de nuestros hijos, pero no encima de ellos

Tienes que ser mujer y protagonista de tu propia vida. Para poder maternar bien, hay que estar emocionalmente estable y para ello:

  • Debes poder ser la mujer que fuiste y que quieres ser
  • No olvides cubrir tus propias necesidades
  • Olvida la presión de la sociedad que te obliga a ser primero madre y luego, si queda tiempo, mujer
  • Aprende a delegar y a confiar

Todo esto, quizás te cueste más de un «mala madre». Pero, lejos de eso, estarás enseñando a tus hijos una gran lección.

Desde MaterMap hacemos un llamamiento a la sociedad para apoyar y potenciar a las mujeres, sean o no madres. Nuestras necesidades y anhelos no son ni más ni menos importantes que las de nadie. La maternidad no es una circunstancia, sino un hecho que no puede eclipsar a la mujer que llevamos dentro. Como tampoco debe ser una “frustración social” el hecho de no ser madre.